Diciembre 2001

fotografías de Paloma García


“Ponete limón en los ojos. Dale, ponete… que hay gases para rato”. Fue lo que me dijo un colega fotógrafo, ese día de diciembre donde el sol del mediodía literalmente rajaba la tierra. Hacía minutos me había bajado de la estación de subte D, que me traía desde el barrio porteño de Saavedra. La noche anterior había llegado a la misma Plaza de Mayo, pero caminando, junto a muchos vecinos, de mi barrio y de otros barrios que llegamos hasta allí impulsados por la fuerza de la indignación que sentíamos.


Los gases invadían todo mi campo visual, y era muy difícil pensar en fotografiar, sin primero querer ayudar los compañeros que recibían los palos de los policías que ya sobraban en la Plaza. 

Nunca había podido comprar un motor para mi cámara Canon AE1; apenas si había podido adquirir un tele, que en esos días tenía en reparación. Solo con un lente normal y un gran angular enfrenté los hechos que sucedían en Plaza de Mayo ese 20 de diciembre que entraría en la historia, no solo de los argentinos, sino de la mirada del mundo entero sobre nosotros, como los días en que estalló la crisis, o los días de furia, tal el título de uno de los libros inmediatos que se publicaron en los primeros meses del 2002. 

“Vos lo viviste, no dejes que te la cuenten” fue la propuesta fundante que después nos agrupó a fotógrafos y camarógrafos que estábamos haciendo registro de la represión feroz y de la resistencia de un pueblo. 

Presentación


La década de 1980 había sido mayormente signada por la larga batalla dada por los organismos de Derechos Humanos, comenzada en plena dictadura cívico-militar. Los reporteros gráficos acompañaron entonces los pedidos de aparición con vida, contribuyendo con sus imágenes a diversas causas y necesidades de Madres y familiares de detenidos-desaparecidos. Muchas fotografías no publicadas por los medios fueron exhibidas por los fotoperiodistas autoorganizados, algunas circularon de forma clandestina hacia el exterior y finalmente todas contribuyeron a construir una parte fundamental de la memoria visual del horror, el dolor y el tesón en la búsqueda de verdad y justicia. En los noventa, las calles fueron mayormente ocupadas tras el reclamo por trabajo, mejores condiciones laborales, tierra y vivienda. En la visibilización de estos problemas fue creciendo un testimonio silencioso elaborado por fotógrafxs, videastas y cineastas en medio de la indiferencia, la negación y hasta la frivolidad con que los responsables de los medios editorializaban la extrema penuria de crecientes sectores de la población. Así, a muchxs fotógrafxs  se les planteaba abiertamente el desafío y la apuesta moral, política y ética de integrarse a las luchas desde su lugar de productores de imágenes.   

En ese contexto recién hoy conocemos el trabajo que Paloma García realizó entre 2001 y 2002. Paloma transitó por escenarios diversos de la fotografía en los años noventa: fue editora de la revista del Foto Club Argentino, donde tuvo a su cargo la elaboración del dossier dedicado a lxs principales fotógrafxs argentinos contemporáneos, e integró desde 2001 el colectivo Argentina Arde, uno de cuyos lemas se reafirma en este libro: “vos lo viviste, no dejes que te lo cuenten”. Vemos en esos registros a una fotógrafa que además era parte de las manifestaciones, de las corridas y de las asambleas, y es manifiesta la coherencia entre militancia y (contra)información. La calle fue el escenario donde una y otra se desplegaron a lo largo de meses en que todo estalló por los aires, impulsando a la fotografía de carácter testimonial, documental y comprometida políticamente a ocupar un lugar que había sido subestimado –cuando no desdeñado- apenas poco tiempo antes. Las fotos de Paloma devuelven la imagen de ella misma en los acontecimientos, en una cercanía que no deja dudas acerca de su inmersión corporal en los hechos y junto a los sujetos, en un pacto pleno que aunó a la fotógrafa y a la militante del periodismo y la información. Y sus fotos nos acercan a todxs a un conocimiento otro de aquellos días: sin golpes de efecto visual, emergen la crudeza y el heroísmo; los acontecimientos nos son mostrados desde una mirada que no es externa ni distante, sino partícipe. Se trata de un tipo de fotografías que portan la enorme virtud de no prestarse a la fácil manipulación, puesto que son pura autenticidad, sincero compromiso. Y que Paloma dejó reposar hasta hoy, cuando el tiempo y la distancia habilitan interpretarlas de múltiples maneras: como testimonio histórico, como manifestación personal-colectiva, como la obra de quien a lo largo de su trayectoria profesional estuvo siempre de un mismo lado, como gestos de un acercamiento siempre sensible.   

Silvia Perez Fernandez

lic. en Sociología – dra. en Ciencias Sociales

Estado de sitio


Un viaje por nuestra historia reciente, construido a partir de la mirada. Es también una apuesta a mirarnos sin miedo. A través de un archivo fotográfico propio de más de 70 rollos que reconstruye aquellos días y semanas posteriores en un contexto signado por saqueos en 11 provincias, 39 muertos en todo el país y 227 heridos. Cinco presidentes en 12 días.

Cuando en la noche del 19 de diciembre de 2001, la gente salió de sus casas, y desafió el Estado de sitio, muchos entendimos que la mejor herramienta que teníamos era nuestra cámara; y que tenía que estar en servicio de lo que en ese momento bautizamos como “contrainformación”: registrar la revuelta popular pero del lado de las barricadas.

La represión


El motivo, la angustia o la furia que nos convocó era la necesidad de recopilar todo lo registrado el 19 y 20 de diciembre; no solo la revuelta social, la resistencia, sino además y fundamentalmente las miles de fotos e imágenes de video que tendríamos de los que reprimieron, tanto de los que comandaron la represión como Enrique Mathov, ex secretario de seguridad del gobierno de Fernando De la Rúa, como los muchos policías de civil que golpeaban brutalmente a los manifestantes,  que salvo por la vestimenta que denota las distancias del tiempo entre una represión y otra son iguales en los años ’70.

Especialmente en esos días de diciembre de 2001, pero en este caso con una brutalidad y cinismo especial, se repite el mismo comportamiento en todas las represiones a manifestaciones populares al día de hoy. Tanta es la nefasta similitud del sistema represivo que los mismos que disparaban en el 2001, habían formado parte de las fuerzas de represión de la dictadura. 

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