Paloma García
Paloma García

(Buenos Aires, Argentina)
Periodista y fotógrafa.
Como periodista trabajó durante dieciséis años en TV Pública Argentina —subgerenta de Noticias y Jefa de Redacción—, en TeleSUR sede central Caracas Venezuela —editora ejecutiva en noticieros— . Colaboró en los medios gráficosPágina/12, La Maga, Periódico Acción, entre otros.
Estudió fotografía con Carlos Bosch, Carola Brie, Eduardo Gil, Guadalupe Miles, Valeria Bellusci. Participó del grupo de contrainformación Argentina Arde y en la sección Dossier Entrevistas a fotógrafas y fotógrafos de Argentina y Latinoamérica (revista Fotoclub Argentino).
Diplomatura en Periodismo Digital – TEA. Posgrado Archivos Fotográficos: usos en la investigación social – Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
Formó parte el colectivo Fotografes x los Barrios, que combina acciones fotográficas con solidaridad. Tiene a su cargo Garbo Prensa, estrategias en comunicación de acciones culturales.

Ahora que miro… veo 

La documentación fotográfica es el personaje protagónico de este libro, una mirada que se desplaza por la historia reciente de la Argentina, más precisamente en el período comprendido entre diciembre del 2001 a junio del 2002. Y es allí donde entonces caben las preguntas: ¿Logramos ver lo que somos? ¿Qué nos ha pasado? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿O será necesario vivirlo todo de nuevo? 

Un viaje por nuestra historia reciente, construido a partir de la mirada. Es también una apuesta a mirarnos sin miedo. A través de un archivo fotográfico propio de más de 70 rollos que reconstruye aquellos días y semanas posteriores en un contexto signado por saqueos en 11 provincias, 39 muertos en todo el país y 227 heridos. Cinco presidentes en 12 días.

Un diciembre de furia 

“Ponete limón en los ojos. Dale, ponete, que hay gases para rato”. Fue lo que me dijo un colega fotógrafo, ese día de diciembre donde el sol del mediodía literalmente rajaba la tierra. La noche anterior había llegado a la misma Plaza de Mayo, caminando junto a vecinos de mi barrio y de otros barrios que llegamos hasta allí impulsados por la fuerza de la indignación. 

Nunca había podido comprar un motor para mi cámara Canon AE1; apenas si había adquirido un tele, que en esos días tenía en reparación. Solo con un lente fijo de 50 mm, un gran angular y un puñado de rollos en blanco y negro (algunos chasis cargados con película vencida) enfrenté los hechos que sucedían en Plaza de Mayo ese 20 de diciembre que entraría en la historia de los argentinos. Un hecho disruptivo que reformuló la mirada del mundo sobre nosotros al estalló la crisis y sus vertiginosos e impredecibles días de furia. 

Las fotos que logré esos días y los que siguieron también me resultaron contundentes y sorprendentes. Por la supremacía que tenía la urgencia por sobre lo que podríamos entender como importante a la hora de pensar o definir la foto, desde una decisión estética. 

Los gases invadían todo mi campo visual, y antes de fotografiar también había que ayudar a los que recibían los palos de los policías en la Plaza. “Vos lo viviste, no dejes que te la cuenten” fue la propuesta fundante que después nos agrupo a los fotógrafos y camarógrafos. 

Cuando en la noche del 19 de diciembre de 2001, la gente salió de sus casas, y desafió el Estado de sitio, muchos entendimos que la mejor herramienta que teníamos era nuestra cámara; y que tenía que estar en servicio de lo que en ese momento bautizamos como “contrainformación”: registrar la revuelta popular pero del lado de las barricadas.

Nos convocó la necesidad de recopilar todo lo registrado; no solo la revuelta social, la resistencia y fundamentalmente las imágenes que tendríamos de los que reprimieron, tanto de los que comandaron la represión, como de policías de civil que golpeaban brutalmente a los manifestantes. 

Teníamos la necesidad imperiosa de juntar nuestros registros. Hubo una volanteada en la propia cercanías de Plaza de Mayo, el papel que repartían decía que iba haber una reunión en Asociación Madres de Plaza de Mayo. No nos juntamos solo periodistas o fotógrafos, sino también gente que venía trabajando hacía mucho tiempo en grupos de cine como “Cine Insurgente” o el “Ojo Obrero”, había muchos cineastas de la facultad de Cine de Avellaneda, o de las propias carreras que había en la Universidad de las Madres. Cientos fuimos los participantes de las primeras reuniones. 

Así se conformó aquella primera asamblea de Argentina Arde, y el nombre lo elegimos en homenaje a Tucumán Arde. Tuvimos el desparpajo de que no importaba el ángulo de la toma; las asas de la película; casi que ni siquiera la luz que todo lo dibuja en fotografía; nos importaba dar testimonio. Demostrar que ese día nos estaban mintiendo más que nunca y además nos estaban pegando duro. No nos importaba como fotógrafos hacer una muestra de fotos en un lugar tradicional, nadie se lo planteaba, lo que nos planteábamos era hacer una devolución concreta en la calle, que era donde estábamos. Tomábamos las paredes del Cabildo y colgábamos las fotos que la manifestación. 

En la comisión de foto hubo dos maestros fotógrafos que nos ayudaron en el inicio: Carlos Saldi y Carlos Bosch.

A la hora de decidir que fotos entraban en la muestra éramos absolutamente horizontales en nuestras decisiones. Cada uno traía las fotos que había podido revelar y no nos preocupaba la calidad de una copia, nos importaba mostrar las fotos pronto. Al día siguiente un grupo partía con todo el material a hacer una muestra en un piquete o en una asamblea.

Además del periódico de Argentina Arde, llegamos a tener otro exclusivamente de fotos. Lo vendíamos durante las marchas, los cacerolazos o las asambleas que se hacían en Parque Centenario donde confluían distintas asambleas barriales. Recaudábamos para poder asumir los costos de materiales fotográficos.

En el área de fotos el registro de la resistencia que hicimos, no fue solamente de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, sino que continuamos trabajando y retratando el trabajo de las asambleas barriales y el movimiento de empresas recuperadas. 

La mirada privatizada El lema era “que se vayan todos” y nosotros como colectivo tratábamos de retratar lo que el pueblo manifestándose parecía querer decir. Con esa urgencia revelabamos y copiabamos. La mirada era personal pero el trabajo era colectivo. A tal punto que cuando encontrábamos en alguna toma de un compañero o compañera la foto que nos daba el mensaje, no seguíamos buscando en nuestras propias tomas. 

En el proceso de armado de este libro, muchos de los negativos que solo había visto en hojas contacto, ahora se los veía bajo la lupa y la luz del negatoscopio y el registro escaneado me devolvió todo lo que no conocía de mi propio material. Ahora que miro, veo

Paloma García

Diciembre 2001

fotografías período diciembre 2001 a junio 2002 es su primer libro

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